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“Recuerda que la vida no siempre está llena de cosas lindas, siempre habrá malos momentos, pero ten paciencia porque Dios siempre te va a ayudar a salir adelante”. Con esta frase, que pertenece a la Asociación Familias con Esperanza, de la provincia de Esmeraldas, Jazmín Vega, presidenta de la agrupación, resumió la lucha que ella y los demás miembros asumieron años atrás para buscar la repatriación de sus esposos, hijos y hermanos.

El Telégrafo

Los hombres estaban presos en Estados Unidos, cumpliendo condenas por tráfico de drogas. Ellos son pescadores detenidos transportando narcóticos en sus embarcaciones y fueron sentenciados en territorio estadounidense.

Pero para 31 de ellos, la noche del jueves 8 de noviembre se cumplió el sueño de reunirse con sus familias. El grupo hace parte de la tercera repatriación masiva de Personas Privadas de la Libertad (PPL) que realiza el Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Cultos, como parte de un convenio interinstitucional firmado con los ministerios del Interior, Defensa y Relaciones Exteriores y Movilidad Humana.

Los compatriotas llegaron al aeropuerto internacional de Cotopaxi, en Latacunga, donde los esperaban Jazmín y las demás familias. “Hoy nuestro sueño tan anhelado se hace realidad. Sueños llenos de amor, esperanza, fe y esfuerzo por cada familia”, afirmó la mujer en representación de las demás personas que acudieron a recibir a sus seres queridos, quienes ahora cumplirán el resto de sus condenas en territorio ecuatoriano, cerca de los suyos.

Paúl Ortega, viceministro de Atención a Personas Privadas de Libertad del Ministerio de Justicia, destacó el trabajo que vienen desarrollando las carteras de Estado involucradas en el Plan Piloto de Repatriación de Ecuatorianos en Estados Unidos.

“Estamos conscientes de los errores que podemos llegar a cometer, por el hambre y la necesidad de llevar un pan a nuestros hogares”, dijo. “Estamos conscientes de que la verdadera injusticia es la falta de oportunidades. Pero debemos comprender que hay leyes y códigos que se deben respetar, para mantener un equilibrio entre nuestras sociedades”.

Fuente: El Telégrafo – nota original: LINK