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Ecuador y Perú celebran el vigésimo aniversario de la firma de un acuerdo de paz que puso fin definitivamente a su histórica disputa limítrofe, que fue un primer paso hacia la integración regional pero que aún mantiene una enorme deuda con los habitantes de la otrora "frontera caliente".

Twitter Cancillería Ecuador

Fue el 26 de octubre de 1998 cuando ambos países, tras protagonizar una guerra no declarada en el río Cenepa entre enero y febrero de 1995, firmaron el histórico acuerdo en el Palacio de Itamaraty, la sede de la Cancillería brasileña.

“Nuestros pueblos han vuelto a encontrar la fraternidad y hoy son actores de una nueva aventura de paz y luchan juntos para resolver en comunidad los problemas comunes”, declaró la semana pasada José Ayala Lasso, canciller ecuatoriano en 1998, en una conmemoración en el mismo auditorio de la Cancillería brasileña donde se firmó el llamado “Acuerdo Global y Definitivo de Paz”.

Fue un pacto que, según dijo a Efe el secretario Nacional de Comunicación, Andrés Michelena, condujo a “un desarrollo importantísimo” y a que “las relaciones de cooperación con Perú sean hoy extraordinariamente buenas”.

“Somos socios complementarios en muchos procesos de comercio y eso nos ha permitido obviamente solventar un desarrollo económico, social, incluso político”, agregó antes de la llegada hoy a Ecuador, del presidente peruano, Martín Vizcarra, para celebrar la efemérides con su anfitrión el mandatario ecuatoriano, Lenín Moreno.

Una valoración con la que coincide el subsecretario de América Latina y el Caribe en el Ministerio de Exteriores ecuatoriano, Efraín Baus, al recordar que el comercio bilateral saltó de unos 300 millones de dólares en 1999 a más de 2.000 millones actualmente.

Baus reserva, sin embargo, que uno de los “retos” pendientes es la integración regional.

“La integración que suscribimos hace veinte años fue una integración bilateral y el reto actual es precisamente cambiar el escenario espacial y lograr una integración hacia fuera”, explica.

En ese sentido, destaca que “son de la mayor importancia” las conversaciones con Perú para que Ecuador pueda integrarse a la Alianza del Pacífico, “como una forma de proyección hacia fuera”.

La firma de los acuerdos, con la delimitación de 78 kilómetros de frontera que estaban pendientes, contó con Brasil, Argentina, Chile y EE.UU. como países garantes, y el impulso de una comunidad internacional que se comprometió a apoyar el proceso de normalización.

En esa ocasión, los entonces presidentes ecuatoriano, Jamil Mahuad, y peruano, Alberto Fujimori, ofrecieron llevar la paz a límites inimaginables con el aporte de unos 3.000 millones de dólares para proyectos en la deprimida zona fronteriza.

Una promesa al desarrollo que, veinte años después, el sociólogo y catedrático ecuatoriano Napoleón Saltos considera incumplida.

“Basta recorrer la frontera para darse cuenta que hay una deuda” enorme en esa zona, que sigue deprimida, con gente pobre que aún clama por atención, opinó en declaraciones a Efe.

Y es que para este analista, “la paz fue presionada”, sobre todo desde intereses de algunas trasnacionales e inversiones que ya veían posibilidades de negocios en esa zona, y otras de esa frontera, sobre todo en la minería y en el sector petrolero.

“El gran capital, en ciertos momentos, encuentra un obstáculo en las fronteras, pero en otros construye muros”, apostilló Saltos al recordar que la firma del acuerdo supuso para Ecuador la posibilidad de “cerrar una herida abierta”, por las diferencias limítrofes que mantenía históricamente con Perú.

Y si bien cerró esa “herida”, inmediatamente se abrió para el país otro frente en la frontera norte, con Colombia, en los llamados “conflictos asimétricos”, con amenazas como el narcotráfico, el terrorismo y la delincuencia organizada.

Tras la firma del acuerdo de paz, Ecuador “desplazó su atención a la frontera norte” y “descuidó” la divisoria con Perú, afirmó Saltos.

Por eso, las de esa frontera “siguen siendo zonas con altos índices de pobreza”, con escasas infraestructuras y con una inmensa lista de tareas por hacer, advirtió el académico al poner el dedo en una llaga que nunca se curó.

Es por ello que, para este experto, la de 1998 es una “paz con deuda”, porque tampoco ha solucionado problemas que aún galopan en la frontera como el contrabando, el desempleo y la marginación.

Es una “frontera olvidada, que se recuerda, según parece, sólo cuando se cumplen aniversarios”, agregó el catedrático al sugerir que se debe volver la mirada a esa zona por el gran potencial social y natural que contiene.

Fuente: EFE, aliado estratégico de FM MUNDO