Compartir

Más de la mitad de los países latinoamericanos figuran entre los peor posicionados del primer Índice Internacional de Seguridad y Policía, que mide la eficiencia de los cuerpos policiales y el resultado en términos de seguridad ciudadana. Más policías en las calles y operativos se realizan por esta causa.

Durante las últimas semanas, se han registrado actos de violencia en Quito. Este jueves, un joven fue apuñalado afuera de la Casa de la Cultura Ecuatoriana a plena luz del día por presuntamente defender a su novia de un comerciante informal. Tras el hecho, los moradores y trabajadores del sector reportaron la venta de drogas en el parque El Ejido por el cual –aseguran- el paso es peligroso y no importa si es en el día o en la noche.

Los altos índices delincuenciales también se observan en otros puntos de la ciudad como en el sector de San Roque, en el centro de Quito, al que le han otorgado el apelativo de ‘zona roja’. En lo que va del 2017, la Policía del Circuito El Panecillo, encargada de ese sector, ha registrado al menos 73 casos de robo a personas, aunque el número podría ser mayor, pues los afectados no realizan las denuncias y ello impide tener una cifra exacta de delitos.

Según se informó, los 50 policías que trabajan en ese Circuito buscan frenar el cometimiento de delitos como el hurto y también la venta de drogas.

Los gendarmes además realizan asambleas comunitarias para capacitar a los moradores del sector en técnicas de prevención y seguridad.

Según el artículo 196 del Código Orgánico Integral Penal, el hurto, es decir la apoderación ilegal de cosas ajenas, sin ejercer violencia, se sanciona con pena privativa de libertad de seis meses a dos años, mientras que el robo, en el cual se ejerce amenaza o violencia antes o después de la sustracción de algún objeto se sanciona con tres a cinco años de cárcel, según lo establece el artículo 189.

Según los reportes ciudadanos la inseguridad se siente en varios puntos de la capital. Recientemente, hubo quejas sobre el mal uso de las paradas del corredor Norte que no fueron ocupadas. Ahora sirven como bodegas de los comerciantes informales y espacios para dormir de personas sin recursos.

Sobre esto, el Cabildo ha informado que las asambleas comunitarias buscan fomentar diálogos para que las personas pueden denunciar en caso de incidentes y también puedan defenderse.