Desde el 9 de junio pasado el mallete, mazo o gavel es un instrumento que se usa con más frecuencia en las audiencias de la Corte Nacional de Justicia (CNJ). El sonido del objeto construido en madera anuncia a las partes procesales la instalación de una audiencia, el inicio o el cierre de una fase procesal o que viene la lectura de la resolución y con ello el final de la diligencia.

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El presidente de la Corte Nacional, Iván Saquicela, en una entrevista con Diario EL UNIVERSO, en febrero pasado, resaltaba lo interesante que sería que los jueces, junto a la toga que ya visten, incorporen el uso del mallete como un símbolo de la justicia, de autoridad y orden en el ejercicio de la actividad jurisdiccional, para darle solemnidad y ritualidad a una audiencia.

Saquicela era a ese momento de los pocos jueces nacionales, por no decir el único en la Corte Nacional, que usaba en audiencia el mallete.

“Si bien es un símbolo para poner orden, ese orden siempre estará sobre todo en el respeto de los derechos y la dignidad del ser humano. Que el caer del mallete o el ruido del mallete dé mensajes positivos, jamás de irrespeto a la dignidad de los litigantes, de los abogados y de ninguna persona”, refería Saquicela en la ceremonia del 9 de junio pasado en la que, junto a autoridades del Consejo de la Judicatura (CJ), se entregaron 34 malletes a los 21 jueces y 13 conjueces nacionales que integran las seis salas especializadas de la CNJ.

La solemnidad del uso del mallete va en la misma línea del portar obligatorio de la toga en jueces y conjueces de la Corte Nacional. Desde el 30 de enero de 2020, cuando la presidenta de la CNJ era Paulina Aguirre, se dispuso que jueces y conjueces llevaran en toda audiencia y diligencia judicial un traje negro con diferencias: un listón de color rojo para el presidente del organismo, un listón de color negro para los jueces y uno de color azul para los conjueces nacionales.

En ese momento Aguirre, quien ya no es parte de la Corte Nacional, indicaba que la toga simbolizaba seriedad, solemnidad y el respeto que los jueces del más alto órgano de justicia del Ecuador debían tener al administrar justicia. Para ella el que los jueces se vean investidos de “esta dignidad simbólica” constituía un paso más hacia el restablecimiento de la confianza en el sistema de justicia.

Silvana Albuja, ama de casa, no ve mal que la justicia ecuatoriana adopte estos simbolismos tanto en su vestimenta como en los instrumentos que en una audiencia se usen. Si bien ella piensa que es un buen inicio para dar el mensaje de que se buscan cambios en la justicia, cree que lo importante no es como se vea el juzgador, sino que actúe rápido y apegado a las leyes y la Constitución.

En un comunicado del CJ sobre el evento de entrega de malletes, la presidenta del organismo, María del Carmen Maldonado, resaltaba el poder especial del que está investido el juzgador y que debe diferenciarlo del resto de la ciudadanía. “El mallete debe ser usado con sabiduría y precaución para evitar un poder destructor”, añadía.

El penalista Gonzalo Silva ve en el uso de la toga y ahora el mallete el reconocimiento de un hábito que existía en la Edad Media, principalmente en Inglaterra y Estados Unidos, para quienes impartían justicia, pero de ninguna forma ve un cambio en un sistema judicial que día a día está en el ojo público por adoptar decisiones que son cuestionadas o por demorar en ejercer justicia.

Más allá de los cambios en la vestimenta o en los instrumentos que se incorporen, Silva cree que las instituciones que hacen el sistema de justicia deberían centrarse en tener procesos de evaluación transparentes, escoger al talento humano con capacidad cognitiva y probidad moral y ética y despolitizar a la justicia.

“El hábito no hace al monje. (…) De manera alguna una vestimenta o una representación física cambia la estructura de la persona que se requiere para administrar justicia”, sostiene el penalista, quien además ubica que los problemas de la administración de justicia son tres: el estructural, el presupuestario y el procesal; mientras los defectos de la administración de justicia son el formalismo exagerado y lentitud desesperante.

Según un comunicado de la Corte Nacional, durante el acto de entrega de malletes, el presidente Saquicela se refirió al rol de los jueces en la sociedad señalando: “Debemos cumplir nuestro deber con capacidad, valentía, ética, independencia, imparcialidad. Podemos errar, por eso mismo está la impugnación, el derecho a recurrir, que nace de la falibilidad humana, podemos equivocarnos y hasta meter los pies, pero jamás las manos en la justicia”.

Nota Original: El Universo – LINK