Reemplazar la Constitución de 1976 para enrumbar al país en la vía de la modernización. Esa es la tarea en la que se hallan inmersos 605 legisladores cubanos que debaten el proyecto de reforma, que será sometido a consulta popular, entre el 13 de agosto y el 15 de noviembre, y luego puesto a consideración de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba.

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Entre las novedades más destacadas del proyecto de reforma de la Constitución cubana se encuentran la eliminación de las referencias al comunismo, el reconocimiento de la propiedad privada, la institución de un primer ministro y la modificación de la definición de matrimonio lo que, según entendidos, abre las puertas a los enlaces homosexuales.

Luego de 4 décadas de propiedad mayoritariamente estatal, el expresidente Raúl Castro inició en 2008 reformas para “actualizar” el modelo económico de la isla, que impulsaron el trabajo privado, que hoy abarca a 591 mil personas y representa el 13% de la fuerza laboral. Sin embargo, esas reformas, que su sucesor Miguel Díaz-Canel continúa, requieren de un piso legal que no existe en la Carta Magna vigente, que data de 1976.

El proyecto sienta las bases para integrar a diferentes actores económicos, al reconocer el papel del mercado en la economía socialista de la isla, la inversión extranjera y nuevas formas de propiedad, entre ellas la privada. El reconocimiento de esta forma de propiedad puede dar paso a la legalización de la pequeña y mediana empresa, surgidas al amparo de las reformas.

“Esta dinámica abre perspectivas de otros cambios que ahora serían no solo deseables sino lógicos desde una perspectiva de desarrollo”, opinó el analista político cubano Arturo López-Levy, profesor de la Universidad de Texas-Río Grande Valley. En el plano político, se restituirá la figura del presidente de la República e incorporará a un primer ministro. También se limitan a 2 períodos de 5 años para el cargo de presidente de la República, que tendrá hasta los 60 años de edad para postularse a su primer mandato.

“La creación de un primer ministro en Cuba obedece más a una lógica de distribución de funciones que a una perspectiva de división de poderes”, explicó López-Levy.