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Debido a las constantes lluvias, entre la noche de ayer, lunes, y la madrugada de este martes 4 de septiembre, se desbordó el cauce del río Misahuallí en la provincia de Napo.

Twitter Cruz Roja

De acuerdo a los organismos locales, el desbordamiento fue más evidente en la parroquia Cotundo, en el cantón Archidona. Luis Toapanta, presidente del Gobierno Autónomo Descentralizado (GAD) parroquial de Cotundo, indicó que los mayores daños se registran en el acceso del balneario de esta zona, donde la vía quedó destruida en su totalidad.

”Haremos un análisis de los daños causados. Aún no tenemos un informe, pero una vez que tengamos los balances iniciaremos los trámites pertinentes”, detalló en declaraciones a medios de comunicación. Toapanta indicó que las clases en esta parroquia no han sido suspendidas.

Mientras el Gobernador de Napo, Álex Hurtado, informó esta mañana en entrevistas realizadas en varios medios de comunicación, sobre las afectaciones producidas a causa de la creciente del río.

“Los equipos de trabajo se encuentran realizando las evaluaciones de afectaciones; en las próximas horas se activará el COE cantonal para coordinar acciones”, dijo el burgomaestre. También agregó que es necesario que los GAD’s parroquiales y cantonales activen sus comités de seguridad para articular las acciones respectivas.

En el cantón Archidona los estudiantes fueron retornados a su domicilio, el motivo apuntó a que un muro de la unidad Educativa del mismo nombre, se derrumbó.

Las autoridades educativas de esta entidad estudiantil esperan que mañana se retomen las clases. De otro lado, el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) informó que un deslizamiento de material pétreo ocurrió en el kilómetro 78 de la vía Paute-Guarumales-Méndez, sector de la quebrada El Pescado, en el sur del país.

Se restringe la circulación vehicular por seguridad. La entidad recomienda a los conductores utilizar rutas alternas como Gualaceo-Plan de Milagro-Matrama y Mazar. El resto de vías de Napo y Orellana operan con normalidad.

Fuente: El Telégrafo