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“¡Corran de proa a popa, corran de proa a popa!”. Eran los gritos que se escucharon desde un megáfono del barco pesquero Patricia, mientras este se acercaba de costado hacia el puente basculante que une Guayaquil y la isla Santay, por la calle El Oro.

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Eran las 15:40 de ayer. Rubén Paredes caminaba por el puente de retorno hacia Guayaquil cuando vio que el barco se aproximaba peligrosamente al puente. Una decena de personas circulaban en ese instante por la mitad de la estructura.

Un guardia del puente se había percatado de que el buque iba perdiendo el rumbo y alertó a una pareja que caminaba en el tramo al que se acercaba la embarcación. Ellos corrieron hacia la calle El Oro y segundos después se escuchó un estruendo.

Otros desesperados corrieron al pie de la zona basculante por donde debió haber pasado el barco, que colisionó y derribó parte de la estructura, que costó más de $ 16 millones.

Fuente: El Universo