Fabián Yar es un joven empresario quiteño que vivió gran parte de su niñez en la ciudad de Cuenca, algo fácilmente reconocible por el ‘cantadito’ de su voz. Fabián es uno de esos jóvenes empresarios con una mirada diferente, que buscan dejar su huella en el mundo a través de sus buenas acciones.

© Boris Andrade

Para Fabián Yar es tan importante ser exitoso como mejor ser humano; las dos cosas van de la mano. Así lo ha decidido, y así lo aplica todos los días en cada cosa que hace. Es un empresario con una energía vital visible. Se preparó en la Escuela Politécnica Nacional, donde sacó su ingeniería Civil y después consiguió otros títulos: uno en Suiza, un masterado en Project Management y otro en España, en Gerencia Financiera. Actualmente tiene 38 años.

Antes de fundar FYI ingeniería y construcciones, trabajó en varias empresas que le ayudaron a proyectarse dentro de este mundo. Fabián logró configurar la idea de crear una empresa integral, que dé un servicio completo en ingeniería y construcción, pero que además, sea responsable con el medioambiente, sin descuidar la calidad y el diseño. Con esta perspectiva, FYI se ha constituido desde hace seis años en un emprendimiento exitoso.

“Pude identificar en el mercado que existía la necesidad de ofrecer un servicio conjunto, único, porque los clientes pedían una cosa a un proveedor, otras a otro y siempre terminaban peleados con el que hacía la ingeniería o con el que hacía la construcción. Siempre había el reclamo a uno u otro, entonces, me di cuenta de que podía dar soluciones a todo lo que los clientes necesitaran”.

Al principio, la idea no era comprendida; era un servicio novedoso y como todo lo nuevo, la idea generaba dudas.  Sin embargo, Fabián logró proyectar su visión de atención y poco a poco fue ganando clientes que han expresado la satisfacción por su servicio. “Para nosotros el cliente y sus necesidades son siempre lo más importante y con nuestra experiencia les ayudamos a que esas carencias sean suplidas… Los clientes se dieron cuenta de que cuando la responsabilidad recae en uno solo es más fácil solucionar las cosas, que ya no tienen que estar peleando con sus proveedores. Me dieron la oportunidad de demostrar que sí se puede”.

El plan de Fabián dio resultado; su empresa creció tanto que llegaron a tener alrededor de 800 empleados y cumplieron metas de facturación durante varios años que a él mismo le sorprendieron. En la actualidad, y en medio de la situación que atraviesan las empresas petroleras, sus ingresos han aminorado, pero por su cabeza atraviesan ideas que seguramente sustentarán muy bien su futuro. “La baja del petróleo nos ha afectado seriamente. Hoy ya estamos prestando otro tipo de servicios, y seguimos buscado nuevos proyectos, nuevos productos que permitan a la empresa superar esta crisis”.

Con su forma de ser, Fabián no esperó mucho y, como conoce muy bien los sectores minero y petrolero, se dio cuenta de que la alimentación era muy importante para las empresas, así como también lo eran los campamentos. “Mientras ofrecíamos nuestros servicios, nuestra gente se enfermaba mucho, así que decidimos abrir una línea para construcción de campamentos y otra de catering, ambas empresas se crearon en 2015”.

El ánimo y la visión es lo que hacen la diferencia entre el éxito de una empresa y el fracaso de otra. De la forma en que un empresario enfoque una crisis dependerá su futuro, y para Fabián su optimismo es básico en la evolución de su empresa. “Lo ideal es estar siempre positivo. En las crisis es cuando uno debe sacar lo que aprendió, reflexionar y tener una visión más amplia del mercado para continuar. Esto es muy fácil de decir; el concepto uno lo consigue rápido, sin embargo, hacer las cosas es bastante fuerte. Debo enfocarme en algo que sí dé resultados y que en el futuro siga siendo sostenible. Proyectos hay muchos, pero no todos dan buenos resultados”.

Fabián se enorgullece de que su empresa siempre haya cumplido los contratos con una alta satisfacción de sus clientes.  Dice que sobre el 95 %. Considera, además, que mantener los mismos precios le ha ayudado a cuidar sus clientes. Otro punto que cree que ha aportado a su éxito y permanencia en el mercado es que siempre ha logrado entregar los trabajos a tiempo, e incluso ha disminuido los tiempos de ejecución, algo que a los clientes les ha agradado y, muchas veces, sorprendido.  El cumplimiento con sus trabajadores también es una prioridad: “mis empleados siempre tienen su sueldo puntual y de eso me encargo yo, nadie más y lo cumplo a cabalidad”.

Pero esto no se queda ahí; para Fabián, dejar un mundo mejor para su hijo es sumamente importante. “Hace dos años lanzamos el proyecto ECO constructor que es un método amigable con el ambiente que se basa en tres aspectos: 1. No usar madera. Para esto inventamos un sistema de enfrascado metálico, más costoso, pero evita el uso de madera de la zona. 2. Reducir el área de desbroce en la realización de carretera. Generalmente, tratamos de disminuir el área hasta un 15 % o 20 %, -que es una locura-, porque normalmente lo que se hace es ampliar un 40 %. 3. Reemplazar materiales petro que se usan para las carreteras por otros más amigables y efectivos. No solo nos comprometemos, sino que hacemos”.

Gracias a esta visión que busca lograr el menor impacto en la naturaleza con su trabajo, FYI ha logrado certificarse en algunos sistemas de gestión como el ISO 9000 y el ISO 14000. También pertenece a lQC 100 que es una organización europea que fija principios de calidad a las empresas más grandes del mundo. Son miembros de la Organización Latinoamericana de Calidad y son signatarios del Pacto Mundial de las Naciones Unidas, que les compromete con 14 principios fundamentales para lograr armonía entre la modernidad y naturaleza.

Entonces, ¿es posible intervenir de una forma más amigable para el ambiente? Para Fabián la respuesta está en que todo se puede en la medida de cuánto se valore a la naturaleza y al medio ambiente. “Somos una generación de empresarios que no buscan solo la utilidad, sino que se interesan también por el qué van a heredar. Tengo un hijo de siete años y quiero que viva en un mundo mejor, por eso, es importante tener esta visión, poner un granito de arena para cambiar en algo el mundo. Mi empresa garantiza pocos principios, pero los cumplimos. Lo poco que puedo hacer por el ambiente lo hago, porque es parte de mi responsabilidad profesional”.