Desde San Lorenzo, en la frontera norte, alias ‘Sobeida’ dirigía una organización delictiva dedicada a vender municiones y armas del Ejército a alias ‘Guacho’, cabecilla del grupo Óliver Sinisterra. Así lo detalla la Fiscalía.

El Telégrafo

Los investigadores dicen que a sus 28 años se había convertido en el nexo entre el jefe de los milicianos y su brazo operativo, integrado por civiles y militares, cuya tarea era sustraer armamento de los rastrillos del Ejército y entregarlos a los subversivos. La identidad de la sospechosa y su rol en la supuesta red ilegal fueron confirmados ayer por el fiscal Álvaro Gaybor, de Unidad Nacional Especializada de Investigación Contra la Delincuencia Organizada.

Él dirigió la operación Camaleón, en la que se detuvo a 14 personas en Loja, Guayas, Pichincha, Santo Domingo y Esmeraldas. Ayer, tras la audiencia de formulación de cargos, que se realizó en Esmeraldas, 13 sospechosos fueron acusados por delincuencia organizada y tráfico de armamento. Ellos quedaron con prisión preventiva y una mujer fue liberada por falta de evidencias.

Quien sí quedó presa fue alias ‘Sobeida’. Según Gaybor, la mujer mantuvo conversaciones telefónicas que fueron interceptadas a través de órdenes judiciales. En sus diálogos con otros sospechosos, la supuesta cabecilla hacía referencia a alias ‘Guacho’ y daba a entender que tenía una “relación directa” con él. Sin embargo, durante la investigación reservada, los investigadores no establecieron una llamada entre ella y el cabecilla. Ahora, los agentes revisarán los 14 teléfonos que se incautaron en el operativo. También quedaron como evidencia siete discos duros, una laptop, una pistola, USD 2 425 y 227 000 pesos colombianos. Hasta el momento no hay una cifra de cuánto armamento sacó la organización de los rastrillos. “Estamos determinando la cantidad específica de las armas y municiones que habrían sido sustraídas de los destacamentos. Es un trabajo que debemos realizar junto con las Fuerzas Armadas”, agregó el fiscal Gaybor.

En la supuesta organización ilegal, otro rol importante tenía un ingeniero en sistemas quien administraba las aplicaciones logísticas del Ejército. Su cargo era de analista de tecnologías. En sus manos estaban, por ejemplo, el manejo del Sistema de Inventarios Logístico del Ejército, el Sistema de Control de Combustible, el de Dotación y el Registro de Tiro. Este último sirve para contabilizar cuántos disparos hace cada soldado durante una práctica de tiro.


Fuente: El Comercio – Nota Original LINK