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El presidente francés, Emmanuel Macron, no quiere sorpresas de última hora con los miembros de su Gobierno, por lo que ha decidido analizar con lupa a sus elegidos a costa de retrasar un día, hasta mañana, su anuncio oficial y su entrada en funciones.

El presidente indicó hoy que se toma un día suplementario para analizar la situación fiscal de los componentes del Gobierno y si tienen conflictos de intereses, después de nombrar ayer al conservador Edouard Philippe como primer ministro.

El nuevo Ejecutivo se hará público mañana y su primer Consejo de Ministros tendrá lugar el jueves, pese a que habitualmente se celebran los miércoles en Francia.

Macron pretende así evitar el bochorno que vivió el Gobierno del que él formó parte entre 2014 y 2016. Nueve días después de su designación como ministro de Economía del Gobierno socialista en agosto de 2014, vio cómo el secretario de Estado de Comercio Exterior, Thomas Thévenoud, tuvo que dejar del Gobierno al saberse que no había presentado las declaraciones de la renta de varios años.

El presidente socioliberal, que ha hecho de la moralización de la política uno de los ejes de la renovación que quiere introducir, ha impuesto que la situación fiscal de sus futuros ministros y secretarios de Estado sea impoluta y que ninguno de ellos haya tenido o tenga intereses que colisionen con su función gubernamental.

En su examen, los integrantes del Ejecutivo deberán remontarse en sus actividades más allá de los cinco años que impone la ley y se comprometerán a “ejercer su función gubernamental de manera irreprochable”, según el Elíseo.

Macron se comprometió durante la campaña a que la ley sobre la moralización de la vida pública sea el primer texto que presente en la Presidencia y un escándalo hubiera mancillado esa imagen, sobre todo a pocas semanas de que tengan lugar las elecciones legislativas de junio en las que el presidente busca una mayoría con la que poder poner en marcha sus proyectos.

Entre tanto, la composición del Gobierno es un secreto bien guardado y, aunque circulan muchos nombres, desde el Elíseo se advierte de que no todo lo que se dice es cierto.

Los rumores apuntan a que el socialista Jean-Yves Le Drian conservará la cartera de Defensa y que el centrista François Bayrou entrará en el Gobierno, una recompensa para dos de los principales apoyos recibidos por Macron durante la campaña electoral.

También están bien situados en las apuestas para ministros nombres que acompañan al presidente desde que se lanzó a la conquista del Elíseo: el alcalde de Lyon, Gérard Colomb, o los diputados socialistas Richard Ferrand y Christophe Castaner.

Macron deberá cumplir con su compromiso de incluir en el Ejecutivo a figuras de la sociedad civil -circula el nombre del ecologista Nicolas Hulot- y a políticos de diferentes sensibilidades ideológicas.

El nombramiento al frente del Gobierno de Philippe, un conservador moderado muy vinculado al ex primer ministro Alain Juppé, fue ya un signo de su voluntad integradora y no parece que vaya a ser el único.

El nuevo primer ministro traerá consigo, según medios locales, a otras personalidades cercanas a Juppé pero también al exministro Bruno Le Maire, que se ha mostrado abierto a trabajar con Macron.

Esa disponibilidad, que también comparten otras destacadas figuras de la derecha moderada francesa, está tensando la situación en el partido conservador Los Republicanos, que ante el riesgo de desbandada tiene dificultades para presentarse como una alternativa a Macron en las legislativas.

Ni los conservadores ni los socialistas encuentran una estrategia electoral para contrarrestar a un presidente abierto a integrar a nombres de sus partidos.

Los socialistas, que ven como sus expectativas de cara a junio caen día a día, dudan a la hora de presentar candidatos contra los diputados que se han pasado al campo de Macron.

En el caso de el ex primer ministro Manuel Valls, no presentarán en su circunscripción a un pretendiente a diputado con la etiqueta socialista, la misma decisión que ya tomó el partido del presidente.