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El testimonio de un informante revela detalles de los campamentos, rutas de droga, logística y comunicaciones del Frente Oliver Sinisterra en la frontera entre Ecuador y Colombia. El proceso de evaluación a los policías que trabajaron en esa zona continúa. Familiares de las víctimas de la narcoguerrilla esperan a la CIDH.

El Telégrafo

Washington es un testigo protegido de la Fiscalía colombiana que conoce santo y seña del Frente Oliver Sinisterra. Su nombre es reservado por la entidad, a la que le entregó datos reveladores sobre la narcoguerrilla que causa zozobra en la frontera colombo-ecuatoriana.

Su testimonio, al que accedió este diario, cuenta que esta narcoguerrilla se inició en una reunión de los capos de la droga de Tumaco (Colombia). A mediados de  2017, Jeferson Chávez Toro, conocido como “Cachi”, y su padre “Don Omar” contrataron a “Guacho” por su experiencia en el manejo de las milicias de las FARC.

Él fue jefe financiero y experto en explosivos  del grupo insurgente, antes de que firmara la paz con el presidente colombiano, Juan Manuel Santos. Pero “Guacho” escogió el camino de la violencia.

El grupo delictivo pronto necesitó armamento para operar. El investigador colombiano le pregunta: ¿de dónde es el origen de las armas que tiene actualmente el Frente Oliver Sinisterra? Y él responde que “compran a la Policía ecuatoriana”. Además, testificó que los cargamentos de armas se entregaban en Puerto Rico (Colombia) y en El Pan, pequeña población ecuatoriana en la ribera de la frontera binacional.

Los pagos presuntamente los hacían directamente “Guacho” y “Cachi”. En el testimonio no se identifica a los contactos ecuatorianos.