El presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró que la "marcha atrás" de China en el acuerdo comercial responde a la "debilidad" de la oposición demócrata. Confirmó que el viceprimer ministro, Liu He, estará en Washington para buscar una solución.

Presidente de Estados Unidos Donald Trump
Archivo: Presidente de Estados Unidos Donald Trump. Crédito: EFE

Con apenas dos tuits este domingo amenazando con nuevos aranceles a China, tras una tregua de más de seis meses, el mandatario provocó caídas generalizadas en los mercados internacionales y alejó la posibilidad de un fin a la guerra comercial entre las dos mayores economías mundiales, justo cuando se pensaba que se estaba cerca de un pacto comercial.

“Durante diez meses China ha estado pagando aranceles a EE.UU. del 25 % sobre 50.000 millones de dólares en bienes tecnológicos, y del 10 % hasta los 200.000 millones de dólares en otros bienes (…). Los del 10 % subirán al 25 % el viernes”, señaló Trump entonces.

La inesperada advertencia desde la Casa Blanca elevó de nuevo la tensión entre las dos mayores economías mundiales, y Pekín llegó a especular con la posibilidad de suspender el viaje de Liu a Washington previsto para esta semana para una de las rondas finales de la compleja negociación comercial.

Trump se mostró este miércoles moderadamente optimista.

“Veremos, estoy muy contento con los más de 100.000 millones al año en aranceles que llenan los cofres de EE.UU… ¡Bueno para EE.UU., no tanto para China!”, concluyó.

Liu mantendrá reuniones con el jefe negociador estadounidense, el Representante de Comercio Exterior, Robert Lighthizer, así como con el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin.

Trump advirtió a finales del año pasado de que, si no alcanzaba un acuerdo con China antes del 1 de marzo, elevaría del 10 % actual al 25 % los aranceles que aplica a las importaciones chinas por valor de 200.000 millones de dólares.

Sin embargo, finalmente optó por prorrogar este plazo para dar margen a las negociaciones en marcha.

Desde diciembre, Pekín ha adoptado medidas de buena voluntad, como la bajada de aranceles a los vehículos importados de EE.UU., la reanudación de la compra de soja o la presentación de un proyecto de ley para prohibir la transferencia forzada de tecnología.

Pero, como condición para no recrudecer sus aranceles a China, que afectan desde textiles y alimentos hasta a combustibles, Washington quería también que Pekín se comprometiera a cambios estructurales en su economía para, entre otras cosas, proteger la propiedad intelectual de las empresas estadounidenses.

Fuente: Agencia EFE – Nota Original: LINK