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En el control migratorio de Rumichaca, en el lado ecuatoriano, se exige el pasaporte de los ciudadanos de ese país. La medida afecta a miles de migrantes que no consiguen el documento de viaje y que tampoco están informados.

El Telégrafo

¿Cincuenta minutos son suficientes para conseguir un sueño? Orsana Velásquez, Adriani Blanco, César Teyes, José Pereira y otros ocho venezolanos pusieron a prueba su fortuna antes de la medianoche del sábado 18 de agosto para ingresar a Ecuador. A las 23:08, ellos caminaban por la Panamericana que une Ipiales con el puente internacional de Rumichaca, en la frontera de Colombia y Ecuador. Lo hacían con ritmo lento, cobijados con mantas, chompas, bufandas o cualquier prenda que les ayude a soportar las delgadas gotas de lluvia que caían y que bajaban aún más la temperatura de esa zona de la serranía.

Durante su viaje no habían visto noticias, no sabían que faltaban pocos minutos para que los puestos de migración de Ecuador les exijan la presentación de su pasaporte para ingresar al país.

Ninguno de ellos tenía ese documento de viaje. El 2 de agosto pasado cuando entraron a Colombia, por Cúcuta, lo hicieron solo llevando su cédula de identidad. Ninguno se conocía antes de esta travesía, a este grupo lo unió su deseo de mejorar los días para sus seres queridos.

Orsana dejó su hogar en Caracas, Adriani salió de San José de los Moros, César se despidió de Barinas y José de Trujillo. En el trayecto a Ecuador se juntaron para afrontar juntos los 15 agotadores días de caminata hasta llegar a la frontera. El viaje tan doloroso como difícil.

El grupo fue testigo de compatriotas suyos que no lograron cruzar el páramo colombiano y se quedaron en camino en busca de atención médica. Escucharon historias de familias que murieron abrazadas por no soportar el invernal clima, pasaron hambre y noches sin dormir.

Por eso no podían ni siquiera imaginar que no conseguirían su deseo de llegar hasta Perú, donde les espera un trabajo o un familiar que les extenderá una mano para superar esta crisis. Al escuchar que necesitarán el pasaporte para cruzar la frontera empezaron a correr hacia el letrero azul que dice “Bienvenidos a Ecuador”. Eran las 23:15 cuando un policía colombiano los detuvo a mitad de camino y les preguntó si sellaron su salida de su país. Nadie lo había hecho y todos debieron retornar a las oficinas de Migración de Colombia.

Esta noche un poco de suerte estuvo de su lado, como un acto de magia los agentes migratorios atendieron a miles de venezolanos que querían pasar a nuestro país, y lo hicieron con mucha rapidez y eficiencia. No había ni una sola persona en espera, incluso los guardias ya cerraron las puertas porque no había nadie para atender, aunque adentro en las oficinas seguían procesando los papeles.

Fuente: El Telégrafo