Luego de 138 años en calma, en agosto de 2015, el volcán Cotopaxi empezó un nuevo proceso eruptivo que puso en alerta a las autoridades y a la población, especialmente de las zonas de influencia del coloso. Las emisiones de ceniza obligaron a declarar la alerta amarilla en varias parroquias y a realizar simulacros de evacuación ante una eventual erupción de uno de los volcanes activos más grandes del mundo.

Siempre estuvo ahí, observando en silencio y dejando que todos admiren su belleza e inmensidad. Sin embargo, el 2015 sería un año que marcaría una nueva etapa de actividad del segundo volcán más grande de Ecuador y uno de los más altos de Sudamérica: el Cotopaxi. La última erupción del coloso se registró el 26 de junio de 1877, con resultados catastróficos. Hoy, 138 años después, una nueva actividad eruptiva se presentó y con ella, temor e incertidumbre entre la población.

Desde abril, técnicos del Instituto Geofísico comenzaron a notar un cambio de actividad en el Cotopaxi. El 14 de agosto, el imponente volcán arrojó nubes de vapor y ceniza, las cuales alcanzaron los 6 y 8 kilómetros de altura sobre el nivel del cráter, por lo que llegaron hasta Quito y otras ciudades del país, obligando al Gobierno ecuatoriano a decretar el estado de excepción a nivel nacional. El comportamiento del volcán llevó a declarar la alerta amarilla para las zonas de influencia y evacuar a las poblaciones cercanas al coloso, como algunos poblados de Latacunga, Mulaló y Lasso, y al cierre de las 33 000 hectáreas del Parque Nacional Cotopaxi.

Paralelamente, se realizaron esfuerzos conjuntos entre los organismos de seguridad y los municipios de las zonas vulnerables, para capacitar a la ciudadanía y prepararse ante una eventual erupción. En las zonas consideradas de alto riesgo, se empezaron a identificar lugares que podrían servir como albergues y refugios. Se efectuaron simulacros y se trazaron rutas de evacuación, en caso de una emergencia; se instalaron cámaras y se reforzaron los equipos de monitoreo del volcán. Desde entonces, a la sala de datos del Instituto Geofísico, llega información en tiempo real de 60 estaciones, las 24 horas del día.

Para diciembre, el Instituto Geofísico confirmó la disminución de la actividad del coloso y, con ello, las autoridades decidieron reabrir el Parque Nacional Cotopaxi, que había permanecido cerrado por 119 días, y así buscar la reactivación de la economía de esa provincia, que vio reducido su comercio y el turismo debido al proceso del volcán, pero, sobretodo, por el miedo a que ocurra una erupción.

La experiencia que dejaron las últimas erupciones del Cotopaxi hicieron que la ciudadanía se prepare, ya que, a pesar de que lo creíamos dormido, el volcán nos demostró que está ahí y que en cualquier momento puede volver a erupcionar.

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