El presidente electo Donald Trump anunció el viernes tres miembros claves del equipo de seguridad nacional en su administración, señalando que tendrá la agenda de línea dura con la que hizo campaña.

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El viernes se revelaron las nominaciones del senador de Alabama Jeff Sessions como fiscal general, el representante de Kansas Mike Pompeo como director de la CIA, y el teniente general retirado de la Armada Michael Flynn como asesor de seguridad. Sessions y Pompeo serán sometidos a confirmación del senado, mientras que para la designación del asesor de seguridad no es necesario.

Los tres tienen un enfoque intransigente de la seguridad nacional y difieran radicalmente de la doctrina de la administración Obama. La elección de los tres indica que Trump pretende mantener en pie algunas de sus más controversiales posiciones de seguridad nacional de su campaña, en lugar de designar candidatos más moderados.

Sessions es conocido por su fuerte postura sobre inmigración, como Trump, y respaldó la propuesta del magnate al principio de la campaña de impedir temporalmente la entrada de musulmanes a Estados Unidos, una posición que luego Trump retractó.

Flynn tiene una reputación de un temperamento fuerte y ha generado controversia con sus posiciones estridentes sobre el islam y el terrorismo, así como su inclinación por publicar tuits conspiracionistas.

Pompeo, quien no apoyó a Trump durante las primarias, fue el coautor de un informe con «perspectivas adicionales» al informe del comité que investigó el ataque a la misión diplomática en Bengasi, creyendo que el comité liderado por republicanos no fue lo suficientemente fuerte en la exsecretaria de Estado Hillary Clinton ni en la administración Obama.

A pesar de la promesa de Trump de limpiar con las prioridades usuales del establecimiento del gobierno federal, los tres candidatos tienen o han tenidos puestos en Washington. Flynn, a quien sacaron del Departamento de Defensa en 2014, maneja una firma de cabildeo. Y Sessions y Pompeo vienen directamente del Congreso, que tiene ahora un nivel de aprobación cercano a su mínimo histórico.

Pero los tres también han sido incómodos a veces en su partido. Flynn fue expulsado como director de la Agencia de Inteligencia de Defensa por su estilo de gestión polémico, según autoridades de EE.UU., aunque él dice que fue porque él advirtió sobre el terrorismo islámico. Sessions era un líder de la oposición de la malograda ley de reforma inmigratoria de la llamada «Pandilla de los Ocho» negociada por sus colegas republicanos más moderados y los demócratas del Senado. Ese proyecto de ley pasó por el Senado, pero al final murió en la Cámara. Y Pompeo pidió más hallazgos en el comité de Bengasi, que ya era muy criticado por los demócratas por ser, según ellos, una caza de brujas políticamente motivada contra Hillary Clinton.

De hecho, Pompeo, Sessions y Flynn han sido uno de los miembros más duros de su partido en el tema del uso por parte de Clinton de un servidor privado de correo electrónico. Flynn lideró los cánticos pidiendo el encarcelamiento de Clinton durante la Convención Republicana en Cleveland y Sessions criticó el manejo de esa investigación por parte del director del FBI, James Comey.

Como fiscal general, Sessions estaría a cargo de las decisiones de investigación y acusación como las que Comey tuvo con el caso de Clinton, y eso podría implicar un choque con el director del FBI, que tiene cumple un mandato de 10 años en el cargo.  Trump ha prometido asignar un fiscal especial para investigar a Clinton, aunque desde que fue elegido no ha dicho si de hecho lo hará.

La decisión de reforzar la retórica fuerte de Trump durante la campaña con sus candidatos se produce en un momento en que la organización alrededor de la transición se ha esforzado en mostrar al presidente electo como alguien que está buscando a moderados para otros cargos en la administración: han publicitado sus reuniones con personas que alguna vez lo criticaron como la gobernadora de Carolina del Sur Nikki Haley y el excandidato presidencial republicano Mitt Romney, ambos posibles opciones para el Departamento de Estado. Pero hasta ahora, con la excepción del presidente del Partido Republicano Reince Priebus que fue nombrado secretario general de la Casa Blanca, Trump ha escogido a personas por fuera del establecimiento para su gabinete y como sus asesores.