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Tras cuatro años de restricciones cambiarias y distorsiones en la economía, Argentina se libró hoy del "cepo" al dólar, uno de los "peores errores" de la política económica de los últimos años del kirchnerismo, aunque ahora se avecina una devaluación, que podría llegar a un 45 por ciento.

A casi una semana de asumir la Presidencia, Mauricio Macri cumplió este miércoles una de sus principales promesas de la campaña: puso fin a las restricciones que a finales de octubre de 2011 impuso su antecesora, Cristina Fernández, para comprar divisa extranjera en bancos y casas de cambio.

Apenas obtenida la reelección para un segundo mandato, Fernández sacudió al mercado al obligar a los inversores a obtener un permiso del Fisco para poder comprar dólares y, aún con el visto bueno, en montos muy limitados.

La medida, según argumentó el Gobierno en su día, buscaba contener una acelerada fuga de divisas, pero su efectividad fue escasa.

Las reservas monetarias del Banco Central argentino bajaron drásticamente desde la creación del cepo hasta hoy: una sangría de 23.367 millones de dólares.

“Fue el peor error de política económica, que hizo a Argentina cerrar su economía y perder cuatro años de crecimiento. Fue una pérdida de tiempo y su efectividad fue nula”, dijo a Efe el economista Ramiro Castiñeira, de la consultora Econométrica.

Al limitar el acceso al mercado formal, el mercado negro floreció y disparó el denominado “dólar blue”, que hoy cerró a 14,63 pesos por unidad, frente a los 9,835 pesos de la cotización en bancos y casas de cambio.

El “cepo” implicó distorsiones para toda la economía: sofisticados mecanismos financieros entre los grandes operadores para conseguir divisas, contratos basados en tipos de cambio antojadizos, inversiones frenadas por la complejidad de las restricciones.

Las trabas no solo afectaron la compra de dólares para el público en general. También afectaron al giro de dividendos de las empresas y a la adquisición de dólares para cancelar importaciones. Además, el Gobierno impuso una tasa del 35 por ciento a los gastos con tarjetas de crédito en el exterior y a la compra de paquetes turísticos.

“Estamos haciendo esto con el objetivo de normalizar la economía”, dijo hoy el ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, quien espera con esta medida poner en marcha la actividad económica tras cuatro años de estancamiento.

Los expertos coinciden en que el fin de las restricciones y la apertura de la economía son necesarias, aunque este jueves, cuando reabran los mercados, haya una devaluación.

“Mañana mismo va a haber un salto en el precio del dólar”, dijo a Efe Fausto Spotorno, economista jefe de la consultora Orlando Ferreres, para quien el nuevo valor del dólar oficial tenderá a la cotización del denominado “dólar contado con liquidación”, un tipo de cambio utilizado entre grandes operadores financieros y que hoy cerró a 14,325 pesos.

Si llega a ese valor, que el propio Prat-Gay definió hoy como el “más representativo” del mercado, la devaluación sería del 45 por ciento, aunque los expertos creen que la cotización se estabilizará con el correr de las semanas, mediante una política de subidas de tasas de interés por parte del Banco Central.

“El Banco Central va a buscar estabilizarlo con el incremento de las tasas de interés en su inicio, para evitar un ‘overshooting’, un salto muy grande, reacciones exageradas”, consideró Castiñeira.

El ministro de Hacienda anticipó que el Banco Central mantendrá sus intervenciones en el mercado cambiario y que el Gobierno buscará que “el valor del peso se mantenga, que el poder adquisitivo del salario no se pierda y que la inflación vaya bajando gradualmente”.

Una de las consecuencias más temidas de la inminente devaluación es su traslado a los precios, algo que la nueva Administración asegura que buscará evitar.

“Somos conscientes de que hay preocupación porque efectivamente en las últimas semanas ha habido aumentos de precios. Es parte de la herencia del gobierno anterior”, dijo Prat-Gay.

Para Spotorno, la depreciación del peso que se avecina “va a tener algún impacto” en los precios, especialmente de “los productos de exportación”, como los alimentos.

Con una inflación anual en torno al 25 por ciento, la promesa de Macri es moderar la tendencia alcista de los precios, algo que se prevé difícil con la devaluación que se espera para los próximos días, aunque los expertos creen que en el mediano plazo entrarán en juego otras variables, como un tope a la emisión monetaria, para ponerle coto a la inflación.