Si iba o no a haber un álbum más de The Cranberries dependía de lo que estaba en un disco duro al otro lado del mundo. El año pasado, los miembros sobrevivientes de la banda irlandesa comenzaron a analizar grabaciones sin terminar, que la cantante Dolores O'Riordan envió a Irlanda unos meses antes de morir.

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Lo que tenían los intrigaba, pero esperaron con algo de ansiedad el envío del disco duro de O’Riordan desde su casa en Nueva York (Estados Unidos) y pronto sintieron alivio.

Su voz urgente y poderosa estaba en todas las canciones rudimentarias que no llegó a enviarles por correo electrónico.

“Sencillamente fue como ganarse la lotería”, dijo Noel Hogan, guitarrista principal y coescritor de la banda.
“Y eso era todo. Teníamos las canciones”.