Es la historia de dos economías de los dos países más grandes de América Latina.

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Brasil atraviesa una crisis política y una severa recesión. Su presidenta, Dilma Rousseff, podría ser sometida a un juicio político este año. La deuda de Brasil también ha sido rebajada a la categoría de «basura».

Por su parte, México crece, vive una relativa estabilidad política y su deuda fue recalificada en 2014.

«En este momento, México y Brasil son muy diferentes, como el día y la noche», dice Alberto Ramos, jefe de investigaciones económicas de América Latina de Goldman Sachs.

Esas divergencias se pusieron de manififesto el viernes. Las autoridades de Brasil anunciaron que el desempleo alcanzó casi el 11% en los tres primeros meses del año, muy por encima del 8% de hace un año. La tasa de desempleo en México es de 3,7%.

La economía de México creció un 2,7% entre enero y marzo en comparación con el año anterior, según datos del gobierno publicados el viernes. El dato es incluso mejor de lo que esperaba la mayoría de los economistas.

No es crecimiento estelar pero es mucho mejor que la economía de Brasil, que se contrajo un 3,8% en el cuarto trimestre del año pasado y su banco central estima que se contraerá un 3,5% este año.

Los expertos dicen que esta divergencia entre ambos países es fruto de dos estrategias muy diferentes: políticas populistas con una gran cantidad de gasto público frente a reformas económicas, recortes de gastos y una economía diversa.

Rousseff y su predecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, han aumentado considerablemente el gasto público desde 2002 para sacar de la pobreza a millones de brasileños. Para el año 2010, sus políticas populistas llevaron a ambos líderes a la victoria electoral y a una gran popularidad.

Fue una estrategia viable en la década del 2000 porque América Latina se benefició de un auge en los precios de las materias primas y la demanda aparentemente insaciable de China.

La dependencia brasileña de China aumentó notablemente durante los gobiernos de Lula y Rousseff. En 2003, las exportaciones de Brasil a China alcanzaron un valor de 4.000 millones de dólares. Para el 2013, la cifra se disparó a 46.000 millones, según datos del FMI.

La desaceleración de China es una mala noticia para Brasil. El valor de las exportaciones ha disminuido en los últimos dos años, junto con las perspectivas de crecimiento de Brasil. Pero ni siquiera con estas malas perspectivas económicas Rousseff ha dado su brazo a torcer y se ha negado a apretar el cinturón y reducir el gasto público.

Además del aumento del desempleo, la confianza del consumidor se ha desplomado y el aumento de la inflación alcanzó casi doble dígito el mes pasado. Gran parte de la crisis política de Brasil proviene de la recesión y el escándalo de sobornos masivos en el seno de la petrolera estatal, Petrobras, que salpica a muchos empresarios y políticos del país.

«Cuando los precios de las materias primas estaban en auge, Brasil no se diversificó … México tiene una economía más diversificada», sostiene Marc Chandler, jefe global de estrategia cambiaria de Brown Brothers Harriman.

En febrero, las autoridades mexicanas anunciaron que recortarían los costos de la petrolera estatal Pemex, y esperan ofrecer más de sus campos petroleros a la explotación por parte de inversores extranjeros privados.

La economía de México tampoco es tan dependiente de las materias primas como el petróleo como Brasil. México cuenta con un sector manufacturero sólido – algo que se ha ganado el escrutinio de candidatos presidenciales estadounidenses, como Bernie Sanders y Donald Trump. El destino económico de México está más ligado a Estados Unidos que a China debido a los fuertes lazos comerciales que tienen.

Esto no quiere decir que México no tenga problemas. Al igual que muchos países en desarrollo, el crecimiento de México ha disminuido en los últimos años en medio de la recesión económica mundial. En los últimos meses sus exportaciones del sector manufacturero y del petróleo han disminuido.

El presidente Enrique Peña Nieto también enfrenta una ola de críticas a raíz del informe sobre la desaparición de los 43 estudiantes en Ayotzinapa y que se cree fueron asesinados. El informe, publicado el domingo por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, criticó al gobierno por su falta de cooperación durante la investigación. Además, la popularidad de Peña Nieto ha caído en los últimos meses.

Un reciente explosión en una planta química de Pemex dejó 28 muertos y suscitó dudas en torno a la seguridad de las instalaciones gestionadas por el gobierno.

A pesar de las tragedias, México es actualmente un país mucho más estable que Brasil, según los expertos.

«Hay una gran diferencia entre los dos», asegura Chandler.