Según Martínez, el aumento de aranceles para los productos que se exportan desde Ecuador tendrá varios impactos y no será fácil un posible redireccionamiento o diversificación de hacia otros mercados, lo que obliga a que se deba negociar.
Explicó que las diferencias de «reciprocidad» suelen arreglarse a través de acuerdos comerciales, aunque no en todos los casos. En el caso puntual, se trataría de una estrategia para buscar una negociación directa, algo que ya interesó a la Cancillería ecuatoriana, por el nivel de mercado que representa EE.UU.
Para Martínez, esta es una buena oportunidad, especialmente para los productos ecuatorianos. Al tener una tarifa del 10%, representa un buen espacio para aprovechar que es uno de los porcentajes más bajos aplicados. Además, recordó que esta medida es representa una afectación de corto plazo, lo que hace que sea obligatorio «qué ofrecer y qué querer».
Añadió que, al momento, es imposible viabilizar un Tratado de Libre Comercio (TLC), pues el encargado de esto es el Congreso americano, que ahora debería generar una especie de ley paralela para dar acceso al gobierno estadounidense para negociarlo, pero si eso se hace con todo el mundo «no van a terminar nunca».
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