Liverpool volvió a coronarse campeón de la Supercopa en un partido que se definió por una tensa tanda de penalties que tuvo al arquero Adrián San Miguel como protagonista; Tammy Abraham falló el tiro penal que le dio la victoria a los Reds.

Liverpool
Liverpool se consagra por cuarta vez campeón de la Supercopa igualando así al Real Madrid.

El gol de Olivier Giroud en la primera parte y el empate de Sadio Mané en la segunda llevaron la final a una prórroga en la que el propio senegalés adelantó al Liverpool y Jorginho empató desde el punto de penalti.

Precisamente los tiros desde los once metros llevaron la copa a Liverpool, como ya ocurrió en aquella final de 2005, entonces con Jerzy Dudek como héroe ‘Red’, esta vez con Adrián, quien hace poco más de una semana firmaba su contrato con los ingleses.

Lampard se revolvía nervioso en su banquillo y aunque los aficionados estallaban en las gradas por la excitación de una final europea, todos temían que si el Manchester United les había marcado cuatro hace tres días, qué podría hacer el campeón de Europa con ellos.

Por ello, los ‘Blues’ salieron algo más agazapados y dejaron que el Liverpool manejase la pelota, dando los primeros coletazos por medio de un Salah que pudo adelantar a los suyos si no fuera por una gran mano abajo de Kepa.

El primero en intentarlo fue el propio Pedro con un remate al larguero y más tarde Giroud con una chilena desviada. Proseguían los problemas de gol de los ‘Blues’, que, contando el partido ante el United, acumulaban tres balones al palo consecutivos.

Entonces apareció N’golo Kanté. El francés, tocado físicamente en el inicio de esta campaña, se encargó de desatascar al equipo desde el mediocampo hasta el área de Adrián.

El paso por vestuarios sirvió para que Klopp reculara, sacara del campo a Oxlade-Chamberlain y metiera a Roberto Firmino, una de esas piezas de las que no suele prescindir el alemán.

Y la vuelta a los orígenes le granjeó el empate a los ‘Reds’ cuando Fabinho coló la pelota para Firmino, este, con más fortuna que otra cosa se la dejó a Mané y el senegalés, a la segunda, puso el 1-1.

El partido se había volcado y llovían las ocasiones para un lado y para el otro. Cuando no era Pedro el que lo intentaba, era Salah el que ponía en aprietos al Chelsea, y Mason Mount, uno de los jóvenes que ampara Lampard, consiguió el segundo gol, pero, como ya le pasó a Pulisic, en posición adelantada.

Incapaces ambos de concretar, hubo prórroga en la noche turca y como ocurrió en la segunda parte, el éxito llegó de la mano de la conexión entre Firmino y Mané. El brasileño ganó línea de fondo, puso el pase atrás y Mané la colocó en la escuadra para darle al Liverpool una ventaja que dilapidó Adrián con un penalti sobre Abraham que anotó Jorginho.

Pero fue Adrián más tarde el que mantuvo a los suyos en el partido, sacando con una palomita un disparo desde la frontal del joven Mount y mandando el encuentro a los penaltis.

Empezó acertando Firmino y le igualó Jorginho desde los once metros. Ambos sin posibilidades para Kepa y Adrián. Un renqueante Fabinho no erró y Ross Barkley, preciso, tampoco. 2-2 y Origi, con suerte, superó a Kepa, manteniendo el idilio que le une al fútbol desde la final del Metropolitano. Replicó como si de un tirador con años experiencia fuese Mount, clavándola en la escuadra. 3-3 y Kepa volvió a tocar la pelota, que aun así se coló. 4-3 y Emerson se la jugó al centro. Dentro. Comenzó la muerte súbita.

Salah marcó y si el Chelsea fallaba, se acabaría la Supercopa. El elegido, otro joven, Abraham. La presión le pudo y Adrián San Miguel dio, con el pie, la cuarta Supercopa de su historia al Liverpool.

Fuente: EFE, aliado estratégico de FM Mundo